Nuestro
fin de semana en un pueblo no pudo ser un fin de semana.
Fue sólo un rato, porque por sugerencia mía habíamos
viajado sin reservas de hotel.
Es
mediodía. Cansados después de dar mil vueltas, almorzamos
en un restaurante pejerrey a la plancha. Después vamos a una
costanera y nos tiramos al sol. Hay unas barrancas y se ve un río.
No hay nadie y me duermo. Me despierta la voz de un hombre contando
chistes y unas criaturas que lloran y se pelean. Abro los ojos.
Es una familia tipo. El lugar está plagado de familias tipo.
En el acto, decidimos que nuestro fin de semana en un pueblo
ha terminado. Cuando uno está de vacaciones, la familia tipo
puede ser un problema.
El
cielo está limpio. Me gusta manejar y ver los paisajes. El auto
que nos prestaron no tiene radio. Mi mujer tiene los ojos cerrados.
Varias motos nos pasan a toda velocidad. Poco después, las veo
estacionadas en la banquina. Son unos seis motociclistas vestidos con
camperas y pantalones de cuero negro. Algunos tienen panzas prominentes.
Supongo que cuando uno viaja en moto tan rápido la comunicación
es limitada. A lo sumo, uno puede hacer algunas señales como
pulgar arriba y/o pulgar abajo. Calculo que por ese motivo estos tipos
paran tan seguido... Me parece lógico que quieran charlar de
cosas como la performance que tuvo cada máquina.
Me
imagino a uno de los motociclistas, minutos antes de salir de casa,
calzándose el equipo de cuero (pantalón, campera y guantes).
Después lo veo mirándose por cuarta vez en el espejo metiendo
panza, soñando con llevar algún día a una vedette
en el asiento trasero de su “nena”. Cuando se encuentra
con sus compañeros de viaje en alguna plaza del barrio, antes
de arrancar, hace mucho ruido acelerando la moto a fondo. En la ruta
empiezan con las señales (pulgar arriba y/o pulgar abajo). Después
de dar vueltas toda la tarde y de ser feliz, el tipo llega cansado a
casa y su mujer le dice que vaya a la rotisería de la vuelta
a comprar un pollo al spiedo porque no tiene ganas de cocinar.
Sigo
manejando y, poco después, llegamos. Estoy contento de estar
en casa. Pedimos una pizza por teléfono. Creo que quiero una
moto.
1/05/04
Hace
unos meses, antes que dejara de verlo, mi padre nos regaló una
tele vieja. Fuimos a una casa de electrodomésticos que quedaba
en un shopping (programa siniestro) y compramos un aparato de DVD. Sin
duda, debemos estar entre los mejores clientes del video-club del barrio.
Hoy
a la tarde alquilamos una película. Hay una escena en la que
la protagonista se quiere escapar del suburbio en el que vive con su
marido. El marido sale desesperado a buscarla. Cuando la encuentra en
la estación de tren, discuten. Ella está medio loca y
contra la opinión de los médicos, quiere ir a vivir a
la ciudad. Ella le dice: “You cannot find peace by avoiding life”
(“No podés encontrar la paz evitando la vida”).
2/05/04
Hoy
estuve todo el día metido en casa. Es bueno poder deprimirse
sin tener la obligación de ir a trabajar. Leí “Otra
vuelta de tuerca” de Henry James, escuché música,
almorcé salchichas (tipo alemán) con ensalada de papas
y dormí una siesta. Salí recién a las siete y media
de la tarde. Ya era de noche. Fui a visitar a un amigo y llevé
una de mis guitarras.
Ahora,
acabo de salir de lo de mi amigo. Son las diez y media y hace frío.
Cruzo una avenida. En la parada de colectivos hay un viejo medio encorvado
y una chica que no para de mirarlo, aunque se mantiene a distancia.
El viejo tiene olor. Es un linyera. Después de unos segundos
levanta la vista del pavimento, me mira y me habla:
Linyera:
¿Qué es la música? (No modula del todo bien)
Yo:
Perdón…
Linyera:
Te pregunté ¿QUE ES LA MUSICA?
Yo:
Ahhh… La música… La música… Es lo más
lindo que hay (Aclaro al lector que puedo dar respuestas mejores)
Linyera:
Nooooooo. La música es el arte de combinar sonidos y sus elementos
son la armonía, la melodía y el ritmo.
Yo:
Es una buena definición. ¿Qué instrumento tocabas?...
¿O tocás?
Linyera:
Yo tocaba el saxofón tenor y la trompeta. ¿Sabés
leer pentagramas?
Yo:
Más o menos. Soy medio vago para estudiar. ¿Hace mucho
que no tocás?
Linyera:
Hace como mil años…
Llega
el colectivo. La chica se apura y sube. El viejo se agarra de las manijas
y hace fuerza para subir. Le pregunta al colectivero si lo lleva (gratis)
a la otra punta de la ciudad. El colectivero contesta: “Bajate.”
El viejo se da vuelta y me mira. Dos de ochenta, digo. El viejo se ríe.
Su olor no me resulta gracioso. Una chica que está en la primera
fila le deja el asiento. Me paro al lado suyo porque pasar con mi guitarra
a través de la gente que está parada no es cómodo.
El viejo empieza a hablarme de nuevo. Me dice algo como “Me sacaste
el boleto porque sé lo que es la música”. No lo
quiero escuchar más. Digo chau y me voy para atrás chocando
con mi guitarra a casi todos los pasajeros.
Llego
a casa y como con mi mujer. Me siento a escribir. Espero nunca ser ese
viejo.
03/05/04
©Martín
Llambi