La
pregunta: ¿quién mierda se cree que es Vicente Muleiro,
El escribidor, el columnista de páginas centrales de
la Revista Ñ?
El
tipo tiene siempre, sábado a sábado, una columnita de
5 x 25 cm por la que no sé cuántos morlacos mensuales
le sacará a Clarín. Debo aclarar que si su escritura
no me hiciera acordar tanto al propio Gran Diario Argentino,
creo que lo admiraría por estafador. Pero como tiende a hacerlo
en serio, diré que es más un chanta abusador de señoras
que leen la Ñ que uno que estafa al multimedios siempre
amigo de empresas, gobernantes y de los buenos ciudadanos como uno.
En
fin, el chanta éste se despacha con unas quinientas palabrejas
semanales en las que baila como principiante con cara de entendido ya
sea sobre temas de Cultura General(1), de actualidad
literaria, artística, o bien de operaciones de mercado editorial
recurriendo a la antología elemental de chistes fáciles
de intertexto erudito y demás gracias que cualquier buen cronista
cultural debe tener para seducir viejas rechonchas que leen la Gran
Revista de Cultura.
En
fin, eso siempre, pero el pasado sábado, el 9/4, se zarpó.
El tipo parece que no tenía nada preparado para mandar y bueno,
el último siglo no pasó sin que él se enterara
y el flaco agarra para el lado del Oh, no arrancó con la
escritura, no hay caso, no y parece nuestra última Elsa
Kalish pero con sueldo y con una singracia impotente en el tono. Pobre
hombre: el karma, ya no de la página (es tan tan contemporáneo
a sí mismo este tipo), sino de la pantalla en blanco: “blanco
grisáceo rodeada del menú Archivo Editar Ver...”
aclara para rellenar tres rengloncitos más. Así que
bueno, como no puede escribir, como está bloqueado, la primera
salida que encuentra en su texto, antes que declararse un estúpido
incompetente que no puede llenar los renglones establecidos por el glorioso
periodismo cultural local, es recurrir a la inspiradora data de fechas
y curiosidades de la literatura universal. ¿Y qué encuentra
Don Vicente? Encuentra que Mallarmé -¡¡¡oh!!!-,
en algún momento de su carrera, escribe a un amigo que no puede
escribir, que está desalentado y no puede escribir, y, sigue
encontrando el amigo Muleiro, tres meses después escribe, también
Mallarmé -¡¡¡oh!!!-, también en una
carta, que ha puesto los cimientos de una obra magnífica.
Resulta,
así, entonces, que la conclusión de la columna es, siguiendo
de la mano los principales mecanismos de las más básicas
y torpes falacias lógicas, que Muleiro, por no poder escribir
nada, por seguir nulo frente a la pantalla, se compara al Mallarmé
bloqueado, y en un giro de lucidez inusitado, acto seguido, apenas socarronamente,
dice que espera, Muleiro, el amigo Vicente, el de la columnita semanal,
en tres meses estar poniendo, también él, los cimientos
de una obra magnífica. Casi como que yo dijera -ejemplifico
porque en Clarín me enseñaron que todo lo que
se escribe lo tiene que entender un chico de doce años-, casi,
decía, como que dijera yo que Maradona es el más grande
y hace varios años que no juega en la selección, que agregue,
luego, que yo no juego hace varios años en la selección
y, entonces, conclusión: me voy a tener que ir a enfiestar a
Cuba con Fidel.
Interésese,
claro, quien quiera en Mallarmé. Guste, incluso, quien quiera,
de Muleiro: pero loquito, no tenés cara y sí un ego sin
background.
(1)*-Un
Cacho de Cultura, General- pediría a la Ñ un Clemente
fascistoide siguiendo la idea de “cultura” que la Ñ,
Revista de Cultura, así, sí,con Mayúscula, maneja.