El
número con que La Intemperie cerró el año
2004 estaba lleno de debates potenciales, que ojalá puedan darse
porque de esta manera la revista habrá cumplido su principal
objetivo. Y he escrito la palabra debates, aunque lamentándolo,
porque como dice un amigo sabio, quizá no hayamos alcanzado en
el amplio campo de la izquierda la madurez para el diálogo, que
es mucho más rico que el debate. Por cierto, me incluyo en la
primera fila de los inmaduros. El debate es una confrontación,
que muchas veces es saludable y necesario brindar. El diálogo
es un intento de construcción. El debate supone un adversario;
el diálogo, requiere un compañero con el que tenemos un
“algo”, pequeño o grande, en común. Ciertamente,
no somos ángeles –tampoco demonios- y nuestras vidas están
atravesadas por la historia personal y colectiva de cada uno, de sus
opciones, de sus aciertos o desaciertos y ello siempre pone algo de
pasión en lo que pensamos, decimos, justificamos, planteamos,
defendemos. Sin duda, un intento de diálogo puede concluir en
un debate, a pesar de todo, pero siempre requiere –creo- de una
actitud inicial de cierta complicidad y apertura. Diálogo y debate
son instrumentos con consecuencias distintas. En la última revista,
por ejemplo, el excelente artículo de Diego Tatián sobre
La Reforma Universitaria, no se propone un diálogo con Prudencio
Bustos Argañaraz, sino lisa y llanamente una confrontación,
porque parten de visiones distintas. Tatián denuncia el modo
de razonar de esa derecha que reivindica la jerarquía, la tradición,
la autoridad, la herencia, la religión y el conservadurismo moral.
Es un objetivo distinto al diálogo. Y está bien que así
sea.
Héctor
Jouvé, el amigo sabio (por intensidad de vida) que cito al comienzo,
durante dos números consecutivos de La Intemperie, nos
ha relatado en una larga entrevista la experiencia, por momentos desoladora,
por momentos desgarradora, siempre valiente, honesta, transparente,
del EGP, el Ejército Guerrillero del Pueblo, la patrulla de Massetti
y del Ché en Salta. Sus temas nos deberían haber convocados
al diálogo, nos deberían haber exigido un ejercicio de
pensamiento crítico. Cada palabra de Jouvé está
cargada de temas que la izquierda debe asumir y reflexionar. Sin embargo,
produce la reacción de Oscar del Barco, a quien tanto debemos
precisamente en esos menesteres del ejercicio del pensamiento crítico,
para plantear ahora desde un fundamentalismo místico, desde fuera
del mundo, del tiempo, de la historia, pero recuperando la palabra como
puñal, la exigencia de una suerte de “harakiri” previo,
que cierra con su condena toda posibilidad de diálogo. No se
puede, no hay posibilidades de diálogo, cuando lo que expresa
no es un razonamiento, como él mismo lo reconoce, sino un acto
de contrición, que es una experiencia personal e intransferible
de un particular estado espiritual, respetable como acto humano, pero
que además se lo exige con desbordada violencia verbal a todos
los protagonistas y no sé por qué razones no reveladas
en especial al poeta Juan Gelman. El relato de Jouvé hubiera
merecido mejor destino. El tema central de la violencia en la teoría
y en la práctica de la izquierda merecía un marco de análisis
más sereno, menos retórico. Tengo esperanzas todavía
que nos animemos.
Pero
no es todo. Porque a su vez, la decisión de la dirección
de La Intemperie de publicar la carta de Del Barco, como un
hecho natural de una línea editorial, pero cuyo texto circuló
antes de la edición de la revista en ciertos medios intelectuales
y de la militancia, principalmente porteños, que provocó
una reacción de algunos compañeros y amigos que exigían
censura real y hablaban de tratamientos psiquiátricos, como las
de aquellos hospitales –digo yo- de triste memoria en la historia
del socialismo. Actitud que en algunos incluía la amenaza –luego
concretadas- de quita de apoyo publicitario y de distribución.
Reaccionaban así, con fundamentalismo “militante”
al fundamentalismo “místico” de Del Barco. El relato
de Jouvé, que merecía el diálogo, quedaba otra
vez a la vera del camino, provocando el “debate” airado:
los “harakiris” versus los “ tratamientos psiquiátricos”.
Luis
E. Rodeiro
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Publicado
originalmente en
Revista
mensual La Intemperie Córdoba Política
Cultura
Directores: Sergio Schmucler, Cecilia Pernasetti, Luis Rodeiro y Emanuel
Rodríguez.
TE: 0351-4683720
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