el interpretador narrativa

 

Aquiles y Patroclo

por Maximiliano Sánchez

Texto relacionado:

Las chicas de letras se masturban así XVII

 

 

 

 

Primer acto

Troya Sitiada

Aquiles y Patroclo en el interior de lo que parece ser una tienda de campaña. Aquiles está abrazado a Patroclo, mientras canta en la oreja de éste:

Aquiles - Iluminada y eterna, enfurecida y tranquila/Sobre una alfombra de hierba ibas volando dormida...

Patroclo - Así, así, cantame en la orejita que me encantaaaaa.

A- Bueno, pero por ahora, basta de canto. Tenemos que definir qué es lo que haremos con Troya. ¿Invadimos o no?

P- Y...No sé. Eso lo tienen que decidir vos y Agamenón.

A- ¡¡¡No me lo nombrés a ese hijo de puta!!!

P- Esperá, Aqui, no me digás que estás todavía enojado por el asunto con la esclava. ¿No soy suficiente para vos? ¿Qué tiene esa minita que no tenga yo? ¿Eh?

A- Mirá, entendeme, Patro. No es eso. Vos sabés lo que yo siento por vos. Te lo demuestro todas las noches, y a veces también a la siesta, cuando tengo tiempo. Pero es una cuestión de imagen. El tipo me desautorizó al quitarme a la esclava delante de todos los soldados del ejército aqueo.

P- No sé, no sé. Yo te vi cómo la mirabas...Se te sangoloteaba el escudo por la pendeja.

A- ¡¡Pero no, Patro!! Yo acepto que Agamenón sea el jefe del ejército de los Aqueos, pero me vino a sacar una esclava de mi casa. ¿Quién va a lavar los platos ahora? ¿Los vas a lavar vos?

P- Esto no es una casa, Aqui... Aunque llevemos diez años esperando acá como pelotudos...Esto es una tienda. Hace diez años que Paris se robó a esa gorda putona de Helena...

A- Pero contestame lo que te estoy preguntando. ¿Quién va a cocinar? ¿Quién va a preparar el desayuno?

P- Yo puedo hacer fideos con manteca.

A- Yo no voy a estar comiendo todos los días esos fideos de mierda que hacés vos.

P- Sos un desagradecido, Aquiles. Yo los preparo con amor.

A- Pero no entendés que Agamenón me dejó como un tarado delante de todos. Es una cuestión de orgullo aqueo, también en este caso...

P- ¡¡¡Orgullo las pelotas!!! ¡¡Helena ya era gorda cuando se fue con el otro maricón de Paris Alejandro!!

A- ¡No entiendo a qué viene lo que decís, Patro!

P- Lo que trato de explicarte es que si hace diez años ya la mina estaba gorda, imaginate lo que debe ser ahora. ¡¡¡Debe tener ya las tetas por el suelo!!! Qué mierda hacemos acá, ¿me querés decir? Todo por ese cornudo de Menelao.

A- Los aqueos no podemos permitir que se roben a nuestras mujeres.

P- ¿Sos un machista también vos? Te hacía más progre...Al final todo es cuestión de conchas... (Empieza a llorar) ¡¡Todos los hombres son iguales!! ¡¡Lo único que les interesa es arrimar el bochín, y no les importa que las mujeres suframos!! (Se lleva las manos a la cara, llorando desconsolado).

A- Pará un poco, no mezclés las cosas. Vos sabés que yo te quiero.

P- ¡¡Mentira!! ¡¡Lo único que querés es mi cuerpo!!

A- Pero...

P- Te entregué mi honra, a pesar de que éramos primos, y vos te vas a limarle el buje a esa negrita de mierda. ¡¡Andá y decile a Agamenón que te la devuelva!! ¡¡¡Andáaaa!!! (Señala la puerta de la tienda, llora) ¡¡Y yo me vuelvo a Tracia, a la mierda!! ¡¡No te quiero ver nunca más en mi vida!!

A- (lo abraza, trata de tranquilizarlo) ¡¡Sos tan lindo cuando te enojás!! ¿A ver? ¿De quién es esa boquita?

P- ¡¡Andate a la puta que te parió!!

A- Mirá, hagamos una cosa. ¿Querés que vayamos a la playa como íbamos antes? En estos días el Helesponto se pone tan lindo...

P- ¡¡¡Me importa un carajo el Helesponto!!!

A - ...esos atardeceres rojizos... (Le toca la cara).

P - No quiero. ¡¡Soltá!! ¡¡¡Dejame!!!

A - Con el Monte Parnaso reposando en el horizonte como cuando Tetis ascendió desde lo profundo del mar para...

P - ¡¡No quiero, he dicho!! Escuchame, Aquiles. Yo también estoy cansado. Llevo diez años viviendo en una carpa mugrienta. Estamos guerreando por una gorda, ¿te das cuenta? (toma a Aquiles por el tórax, lo sacude) ¡¡Recapacitá, Aquiles!! ¡¡Estamos a punto de desatar una guerra por culpa de una gorda!!

A- Te repito, Patroclo. No es la gorda lo que está en juego. Acá se trata del orgullo de nuestros hombres. ¿Ese es el ejemplo que les vamos a dejar a las generaciones futuras?

P- No entiendo tu punto...

A- ¿Querés que nuestras nuevas generaciones de aqueos se eduquen a la luz de un hurto?

P- Ahora entiendo menos que antes, Aqui.

A- Mirá, si tenés una mujer, y viene cualquier Paris Alejandro y te la roba, entonces, ¿qué ejemplo les vamos a dar a nuestros hijos? ¿Vamos a quedarnos cruzados de brazos cual una recua de cobardes indignos, o vamos a salir a luchar por lo que nos han quitado?

P- Mirá, Aquiles. Llevamos mucho tiempo discutiendo sobre el tema. Yo no sé lo que pasaba entre el cornudo ese de Menelao y Helena, pero a la gorda nadie la raptó.

A- ¡¡Sí que la raptaron!! ¡¡La raptó Paris Alejandro, enemigo de los aqueos, merecedor de toda ignominia, ladrón y cobarde que...

P- ¡¡Te digo que no la raptó!! ¡La gorda estaba que le zapateaba la cotorra! ¡¡Se pasaba el día buscando a alguien que se la sangoloteara un rato!! ¡¡Todos sabían que hasta anduvo limando con un trapecista antes de irse con Paris!!

A- ¡¡No me hablés en dialecto tracio que no entiendo nada!! ¿Qué estás tratando de decir?

P- ¡¡Que Helena se fue detrás de Paris Alejandro!! ¡Se fue sola, loco! Yo me vuelvo a casa mañana mismo.

A- ¡Por Marte que te ha visto nacer! ¡¡Por Zeus que te envuelve en lluvias doradas!! ¿Estás tratando de decirme que te irás y aquí me dejas, sin importarte lo que los Dioses harán conmigo?

P- Comprendeme, Aquiles. A mí nadie me escucha. Llevo años tratando de que Menelao se olvide de la dogor. Le presenté un montón de minitas, y nada. Yo no sé, pero para mí que Menelao nunca actuó con Helena como se debe.

A- ¿Qué estás tratando de decir?

P- Estás lento hoy, Aquiles. Lo que digo es que si Menelao no se la come, anda con los cubiertos en el bolsillo.

A- ¡¡Otra vez el dialecto tracio!! ¿Estás diciendo que el Rubio Menelao, hermano de Agamenón, Jefe del Ejército de Tracios y Aqueos, es un balín?

P- ¡Por fin caés! Sí. Eso mismo. Así que yo me cansé. Yo tengo una carrera de poeta que estoy postergando por seguirte a vos a esta estúpida guerra. Por vos abandoné el taller literario, mis tardes de juglaría, todo por correr detrás de un sueño que ahora se me desvanece, agua en el agua, polvo en el polvo, arena entre mis dedos (se lleva las manos a la cara, vuelve a llorar).

A- No te emocionés, es muy lindo lo que decís.

P- ¡Nunca me quisiste! (Llora desconsoladamente). ¡¡Oh, Dioses!! ¡¡Oh, que la Aurora de azafranado velo me cubra con las cenizas de mis días para nunca más tener que ver los ojos del ingrato!!

A- ¡Qué talento que tenés, Patro! ¿Por qué no escribís esas cosas?

P- ¡¡Oh, Afrodita, que nublas la mirada de la tarde que acecha a los guerreros que inquietos se entremezclan en la indómita maleza que alimenta a los caballos y alazanes que en tropilla se amontonan esperando tercamente que les tiren aunque sea un pedazo de carne de buey salvada de los sacrificios a Marte Tronante!! ¡¡Escucha los ruegos de este pobre corazón de poeta malherido por la flecha del amor equivocado!!

A- Esto es un problema de hombres, Patroclo. Y se arregla entre hombres. Con poesías no vamos a ganar la guerra. Y menos mal que abandonaste ese taller literario, que era un aguantadero de chupapijas.

P- Sí, ahora criticás. Pero bien que te gusta dormir todas las noches con el chupapijas.

A- (Enojado). ¡¡Andate a la mierda!!

Aquiles sale de la carpa.

(Telón).

 

----------

 

Segundo Acto

La Rosa que mueve al mundo

Patroclo solo en la carpa, escribiendo unos versos para Aquiles.

P- Te regalo una rosa. ¿Y qué es una rosa sino el testimonio del inmortal amor? Te regalo una rosa, ¿pero qué es una rosa sino la luz de la seda que cubre las facciones de la Bella Afrodita de los mortales ojos? Te regalo una rosa (piensa, se detiene en medio de la frase, duda)... Te regalo la rosa que mueve al mundo. Oh, Aquiles. Quién fuera Zeus para perseguirte todo el tiempo. Y más que la Aurora que sólo podría cubrirte con sus besos al amanecer para tenerte que despedir cuando entra la mañana.

Patroclo piensa, medita, anota.

P- (Leyendo el papel). Te regalo una rosa. ¿Y qué es una rosa sino el testigo del paso de tiempo entre nosotros? La rosa que mueve al mundo es la rosa que mueve nuestros cuerpos al unísono en nuestra cama. Y entonces tardás, te demorás, me dejás esperando por tu amor.

P- (Grita, mirando hacia arriba). ¡¡¡¿Y entonces qué mierda hago con esta rosa, me querés decir?!!! (Se lleva las manos a la cara, llora).

Entra en la tienda Aquiles.

A- Hola, Patro, ¿me hablabas? Me pareció escuchar voces.

P- No, no. No era nada (disimula, trata de esconder los papeles).

A- Decime, Patroclo, ¿estás enojado conmigo por la discusión de esta mañana?

P- Un poquito.

A- Tenemos una reunión de Jefes del ejército aqueo enseguida, ¿querés venir?

P- ¿Cómo que si “quiero” (enfatiza) ir? ¿No soy acaso un jefe yo también?

A- Sí, pero yo puedo ir en representación de ambos, y tu voto siempre es como el mío.

P- ¿Tan seguro estás? Yo voto por el NO a la guerra. Soy un pacifista, me quiero volver a casa, ya conocés mi opinión.

A- Si regresamos ahora quedaremos como unos cagones. He sabido que Héctor y Príamo andan hablando de mí, burlándose. ¡¡Les voy a dejar el culo como una jarra a esos dos!! (Grita, levanta la espada en gesto amenazante).

P- Por mí que Héctor y Príamo digan lo que quieran. Además no hay nada en Troya que me interese. Hace diez años que los tenemos sitiados y se deben estar cagando de hambre. ¿Qué les vamos a sacar si invadimos ahora?

A- Ante todo, recuperaremos a Helena.

P- (Gritando). ¡¡Y dale con la gorda!! Para mí que vos tuviste algo con ella antes de que se escapara con Alejandro.

A- Yo no voy a contestar tus agresiones, Patroclo.

P- Está bien, recuperamos a Helena, ¿y después qué? ¿Tienen aceite de oliva? ¿Tienen vino, acaso?

A- Esta guerra no es por el vino, es por el honor, una palabra que ni vos ni tu vieja, que bastante turra que era, entendieron ni entenderán jamás.

P- Mirá, Aqui, vos con mi vieja no te metás. Mirá que yo no digo nada de la tuya, y eso que ahí sí hay mucha tela para cortar... (Sonríe irónicamente) ¡Sí! ¡Podría estar horas y horas hablando de tu mamá y no me alcanzaría el tiempo!

A- (Amenazante). ¡¡Tené mucho cuidado con lo que decís!! No tenés una idea del honor porque de chiquito tuviste que ver cómo tu mamá salía con uno y con otro.

P- ¡Eso es mentira! Mirá en cambio lo que hizo tu vieja: siendo Diosa, se acostó con un mortal, con alguien de inferior categoría, y mirá lo que salió de esa unión.

A- Si no te gusto, no entiendo qué hacés conmigo. Y además no te permito que vuelvas a nombrar a Tetis ni una vez más.

P - ¡No te soporto más! ¡Oh, Aurora de azafranado velo! ¡Por favor ven a cubrir mis ojos con tu rojo…

A- ¡Chau! ¡Me tenés hasta las pelotas con tus poesías!

Aquiles sale de la escena, dejando solo a Patroclo.

Telón.

 

----------

 

Tercer Acto

En el País de los Sueños

La acción transcurre en el consultorio de una psicóloga. Hay unas sillas, algunos cuadros en las paredes, y un diván. La psicóloga está sentada en una de las sillas, y entra Patroclo. Se saludan, y la doctora dice:

Dra- ¡Ponte cómodo, Patroclo! ¿Te sientes confortable en ese diván?

Patro- Sí, Doctora. Está bien.

Dra- Muy bien. ¿Cómo andan tus cosas? ¿Cómo te has sentido esta semana?

Patro- No muy bien, doctora.

Dra- ¿No? (La doctora comienza a anotar cosas en una libreta). A ver, cuéntame.

Patro- Siento que Aquiles no me comprende.

Dra- Está bien, Patro. Pero tienes que ser más comprensivo. Él está muy presionado por esto de la guerra de Troya. Pero venga, sígueme contando.

Patro- Ayer, por ejemplo, estaba yo haciendo fideos con manteca, y se me re cocinaron. Y Aquiles me gritó, me dijo que era una inútil, y me tiró la fuente de fideos por la cabeza, Doctora.

Dra- ¿Otra vez cocinando fideos con manteca? (La Doctora mira a Patroclo con el ceño fruncido). Parece que es lo único que sabes cocinar, Patroclo.

Patro- Yo hago lo que puedo, Doctora. Creo que no merezco que él me trate así.

Dra- ¿Ah sí? ¿Y por qué lo crees? Te recuerdo que los fideos se te re cocinaron; tú mismo lo estás reconociendo.

Patro- ¿Usted justifica la actitud de él?

Dra- ¡No, Patroclo! ¡Yo no justifico nada! Yo sólo quiero ayudarte a que reconozcas tus límites. Tal vez deberías tomar algún curso de cocina, aprender a hacer sushi, no sé, algo diferente…

Patro- ¡Doctora! ¿Se va a poner usted del lado de un hombre golpeador?

Dra- (Gritando). ¡¡Pero no, caramba!! ¡¡Te repito que yo no estoy tomando una posición aquí!! Yo no quiero discutir con una persona que hace fideos con manteca todos los putos días, y encima los hace mal. Pero mejor pasemos a otro tema.

Patro- ¡¡No!! ¡¡No pasamos ni mierda a otro tema!! (Grita). ¡Usted siempre se pone del lado de él!

Dra- Mira, Patroclo. Te digo esto como amiga tuya que soy. Me gritas una vez más y te pateo el culo, ¿estamos?

Patro- Está bien, Doctora. Discúlpeme.

Dra- Yo no quiero que me vengas con paranoias a mí. Yo soy una profesional que quiere poner un poco de objetividad en esa cabecita loca que tienes (le sonríe, y le acaricia el pelo).

Patro- Perdón, doctora. Es que estoy muy presionado con esto de la guerra. Yo también soy un general del ejército aqueo, como Aquiles. También tengo muchas responsabilidades en esto.

Dra- Muy bien. ¿Y cómo va esto de la guerra? ¿Van a invadir finalmente o se van a volver al sur como unos cagones?

Patro- Yo particularmente creo que sería un error invadir.

Dra- Ok, entiendo. Tú eres uno de los cagones.

Patro- ¡No, Doctora! Creo que si invadimos esa ciudad la Historia nos mirará como a unos asesinos.

Dra- Mira, Patroclo. Tú sabes que no debes preocuparte por lo que dice un historiador de ti. Si viene un historiador a hablar de mí, yo le pateo el culo y listo. Pero pasemos a otro tema.

Patro- Está bien. Traje algunas de las últimas poesías que le escribí a Aqui.

Dra- Mira, Patro, no lo tomes a mal pero no me interesan tus poemas…

Patro- Usted me conocería mejor si leyera mis poemas, Dra. La terapia no está avanzando porque…

Dra- Mira, Patroclo. No me digas cómo tengo que proceder para que avance la terapia. La poesía no tiene status científico, y no la voy a tomar como objeto de análisis. Para eso deberías ir con algún lacaniano.

Patro- Es una lástima. La última poesía me salió tan linda… dice así: “te regalo una rosa…”

Dra- ¡¡Cállate, Patroclo!! ¡¡Cállate o terminamos la sesión ahora mismo!!

Patro- Está bien. ¿Qué hacemos entonces?

Dra- Cuéntame lo que soñaste anoche.

Patro- Tuve pesadillas toda la noche. Soñé que Afrodita perseguía a Aquiles con un pomelo en la mano.

Dra- Ajá (anota en la libreta) ¿Recuerdas el color del pomelo?

Patro- Era azul, creo. O tal vez verde.

Dra- Mira, Patroclo (se impacienta). Yo estoy tratando de ayudarte. Trata de recordar, ¿sí? Esfuérzate un poco. ¿Era azul o era verde el pomelo?

Patro- Creo que era verde. Sí era verde.

Dra- Ok., muy bien.

Patro- Pero ahora…

Dra- ¿Ahora qué?

Patro- No sé, no se enoje

Dra- ¿Enojarme? No entiendo…

Patro- Es que ahora no recuerdo bien si era un pomelo o un melón.

La Dra. se impacienta mucho más. Se pone de pie, tira la libreta al suelo. Y grita.

Dra.- ¡¡Escúchame, Patro, no seas cabrón!! ¡¡Estoy tratando de pinche ayudarte con esos sueños de mierda que tienes!! ¿Y ahora me dices que no sabes si era un pomelo o un melón? ¿Cómo esperas mejorarte si te la pasas soñando cagadas?

Patro- No sé, Doctora, no sé. Yo sueño, ¿Qué quiere que haga?

Dra- Mira, Patro. Me tienes hasta los cojones con tus sueños ridículos. Así no se puede trabajar. Eres un insatisfecho. Pobre Aquiles, que tiene que cargar con un fracasado, un inútil como tú.

Patro- Pero Doctora, ¿cómo me dice eso?

Dra- Yo digo lo que quiero, Patroclo. La psicóloga aquí soy yo. Me parece que estás hecho mierda, y yo en tu lugar me ahorcaría lo más pronto posible.

Patro- ¿Qué?

Dra- Me parece que el mundo es la mierda que es porque está lleno de gente como tú, Patroclo. La sesión de hoy ha terminado. Te espero la semana que viene.

Patroclo se lleva las manos a la cara, como para llorar.

Telón.

 

----------

 

Cuarto Acto
El amor, esa palabra.

Patroclo, sentado, solo en la tienda de nuevo, escribiendo sobre unos papeles. Sigue dándole forma a sus poesías:

Patro- Te regalo una rosa (piensa, medita anota sobre las hojas).
¿Y qué es esta rosa
Sino el escudo que te protege de las flechas
Vertiginosas que Eneas dispara contra ti?
Te regalo una rosa

(Recita en voz alta. Declama).

-Te regalo una rosa del color de la aurora
Ni el dorado Helesponto en su espuma contiene
La blancura celeste de tu llama precisa
La dureza de hierro de tus brazos guerreros
La…

Entra Aquiles, cargando su escudo y sus armas, interrumpiendo el recitado de Patroclo.

Aquiles- Patro, tenemos que hablar.

Patro- Ahora no puedo. Estoy muy ocupado.

Aqui- Pero es importante que hablemos ahora.

Patro- Llevo varios días trabajando en estos versos. Tené un poco más de
respeto por el arte, Aquiles. No seás animal, ¿sí?

Aqui- Patro… (mira a Patroclo de frente). Quiero que me mires a los ojos.

Patro- ¿Qué te pasa? Te miro (Lo mira). Mirá cómo te miro a los ojos. ¿Qué
te pasa, cariño?

Aqui- Creo que me he enamorado de otra persona.

Patro- …

Aqui- …Perdoname, pero te lo tenía que decir. Viene sucediendo desde hace
una semana. No puedo mentirte más…

Patro- …

Aqui- … ¿No me decís nada? …

Patro- …

Aqui- ¡Patro, no me asustés! ¡No te pongás así!

Patro- …

Aqui- Podremos seguir siendo amigos. Sos joven, y seguramente vas a
conocer a alguien y vas a poder rehacer tu vida. Siempre hay un roto
para un descosido. Vamos, Patro, decime algo (le toca la cara), no me
asustes, aunque sea enojate.

Patro (da un grito terrible, que estremece todo)- ¡¡¡¡¡¡Qué hijo de
recontramilputas!!!!!! ¡¡¡¡Me cago en la madre que te parió!!!!

Aqui- ¡¡Bueno, bueno!! ¡Calmate!

Patro- ¡¡¡No me calmo ni un carajo!!! (Y empieza a llorar y a gritar al mismo
tiempo. Está totalmente descontrolado).

Aqui- ¡¡Perdoname, Patro!! ¡Me enamoré, no sé qué decir!

Patro (Se lleva las manos a la cara, y llora desconsolado. Se sienta en la silla
y mira a Aquiles) - ¿Estás tratando de decirme que te has enamorado
de otra persona?

Aqui- Sí. Te estoy diciendo. Estoy enamorado de otra persona desde hace
una semana.

Patro- ¡¡¡Hijo de putaaaaaaaaa!!! ¡¡¡Yo escribiéndote poesías y vos
mintiéndome, engañándome!!! (lo golpea en la cara con las manos abiertas).

Aqui- Te mentí, te mentí. Le mentí al hombre que he amado toda mi vida.
No soy digno de ser un jefe aqueo. Merezco la ira de los dioses.

Patro- Lo que merecés es que yo te patee el culo, a vos y a la puta esa de
Tetis, siempre cubriéndote para que vos te mandés todas las cagadas que te mandás.

Aqui- ¡¡Pará!! ¡¡Mi vieja no tuvo nada que ver en esto!! ¡¡No busqués más
culpables que yo!! Fui negligente al dejarme atraer por esa mujer…

Patro- ¿Qué mierda decís? ¿Te metiste con una mina? ¿CON UNA MINA,
HIJO DE CINCOMIL CAMIONES CARGADOS DE YEGUAS PUTAS? (Gritos).

Aqui- Sí, Patro. Me enamoré de una mujer.

Patro- ¿Cómo pudiste? ¿Qué nos pasó, Aquiles? ¿Qué le pasó a nuestro
amor que ahora andás por ahí con una turra cualquiera?

Aqui- Mirá, yo entiendo que estés enojado, pero por favor no la insultés. Yo
tuve la culpa de todo. Me volví loco por ella y yo la busqué.

Patro- ¡¡No la defiendas!! ¡¡¡¡No la defiendas que me pongo frenético!!!!
(Grita, llora, arroja cosas al suelo. Toma las poesías que había estado escribiendo y las rompe en mil pedazos, y le muestra los pedazos a Aquiles). ¡¡¡Mirá!!! ¡¡¡Éstas son las poesías que yo te había escrito!!! ¡¡¡Andá a que la turra esa te escriba poesías ahora!!! ¡¡Retirate de mi vista!! ¡¡No te quiero ver nunca más en mi vida!! (llora).

Aqui- Tratá de tomarlo con calma. Tenemos que invadir Troya, tenemos
muchas batallas por delante.

Patro- ¡¡Espero que Héctor te rompa el culo en la primera batalla!! Y
decime, ¿cómo se llama la guachita esa?

Aqui- ¿Para qué querés saber?

Patro- Tengo derecho. ¿O te parece que no tengo derecho a saber el nombre
de la mujer que me quita a quien he amado durante más de diez años?

Aqui- No lo pongás en esas palabras. Me hacés sentir una basura.

Patro- ¡¡Decime cómo se llama!!

Aqui- Lowanne. Se llama Lowanne.

Patro- Es una ladrona que me ha robado todo (vuelve a llorar, tira cosas al
piso, tiene arcadas, etc.).

Aqui- Patro, tratá de calmarte. ¿Querés que te prepare un té de tilo?

Patro- ¿Por qué no te vas a la puta que te remil parió, y te metés el tilo por el
ojete?

Aqui- Mirá, con insultos no vamos a llegar a nada. Necesito que me ayudés
a preparar mi equipaje.

Patro- ¡¡Decile a Lowanne que te lo prepare!!

Aqui- Patro. Ojalá algún día puedas entender lo que siente un hombre por
una mujer.

Patro- ¿Dónde la conociste?

Aqui- En casa de Menelao. Es prima de una hermana de él.

Patro- Dios las cría y las putillas se juntan. ¿Y tuvieron sexo esa misma
noche?

Aqui – Patroclo, por favor…No hagas todo más difícil.

Patro- ¿Tuviste fantasías sexuales con ella cuando la conociste?

Aqui.- Sí, perdoname.

Patro- No me pidas perdón. ¿Y qué fantasías tuviste?

Aquí- Primero pensé en chuparle las tetas, y después…

Patro- ¿Y después qué? ¡¡Hablá!! ¡¡¡¡HABLÁ, TE DIGO!!!!

Aqui- Pensé ponerle una manzana en la boca y chuparle la concha hasta
sacarle sidra.

Patroclo agarra la mesa donde estaban los papeles, y se la trata de tirar a Aquiles encima de su cabeza. Patroclo llora, insulta, grita. Ambos forcejean.

Telón.

----------

 

Quinto Acto

En Templos de Dioses Desconocidos

Otra vez en el consultorio de la Psicóloga. Ella está sentada leyendo una revista, y de pronto entra Patroclo, llorando desesperado.

Dra- ¡¡Patroclo!! ¿Cómo estás?

P- Como el culo, Doctora (llora). Ese desgraciado me dejó para irse con
una mujer.

Dra- Está bien, Patroclo. Trata de calmarte y deja de llorar. ¿Quieres que te
prepare un té de tilo?

P- No. No. No, Doctora. Todo me hace mal.

Dra- ¿Y cuándo fue que te lo dijo?

P- Me lo dijo ayer. ¿Qué hago ahora con todas las esperanzas que tenía,
Doctora? ¿Qué hago con mis sueños junto a él?

Dra- Mira, Patroclo, no te apresures. Tenemos muchas sesiones por
delante. Yo te aseguro que saldrás de esto.

P- Pero…Pero…

Dra- Pero nada, hombre. No seas pinche cobarde. Ya vas a ver que en
cualquier momento conoces a alguien.

P- No, Doctora. No quiero estar con nadie más durante el resto de mis
días. Ahora sólo la poesía será mi prometida, la única que no me fue ingrata, la única que…

Dra- Bla bla bla. Con la poesía no te puedes echar un buen polvo, Patroclo,
no seas pinche ridículo. Además deberías pensar que tal vez es un buen momento.

P- No entiendo. ¿Un buen momento para qué?

Dra- ¡¡Para probar con mujeres, hombre!! Es lo mejor. No puede ser que te
guste tanto el pedazo como para que no te llamen la atención unas buenas tetas.

P- ¡¡Ay, no!! ¡¡Qué asco!! Una vez una mujer me dio un beso y casi
vomito.

Dra- Mira, Patroclo. Ya estoy harta de tus pinches maricadas.

P- No me agreda, Doctora. ¿No entiende usted que desde ayer mi vida está hecha mierda?

Dra- Tu vida siempre estuvo hecha mierda, Patroclo. Tus fracasos no
comenzaron ayer, no seas pinche cabrón. Nunca serviste para nada. No como Aquiles: él sí que es un hombre… (Se pone pensativa, sonríe con malicia). Qué hombre ese Aquiles, caramba. Cada vez que me acuerdo de él se me corre la…

P- ¡¡Basta!! ¡¡Basta ya!!

Dra- ¿Te imaginas todas las porquerías que deben hacer Aquiles y su novia
en la cama, Patroclo? Y tú ya no tienes nada de eso.

P- ¡¡Cállese, por favor!!

Dra- Esa mujer sí que tiene suerte de estar con un hombre como Aquiles.

P- ¡Mire, Doctora! Yo no voy a soportar esto un minuto más. O me ayuda a elaborar el duelo y a buscar otro objeto de placer para satisfacer las pulsiones de mi Ello o me voy ya mismo a buscar otra psicóloga.

Dra- Está bien. Pero, antes que nada, no me amenaces, ¿sí? Recuerda que yo puedo patearte el culo en cualquier momento, Patroclo. A mí ningún cornudo me amenaza.

P- ¿Le parece que trabajemos un poco en la elaboración del duelo?

Dra- Está bien. Quiero que te recuestes en el diván y cierres los ojos. Relájate.

P - (Hace lo que le dice la doctora). ¿Está bien así?

Dra- Sí, pero estira un poco más las piernas. No, no las abras, Patroclo, no hace falta. Sólo estíralas.

P- ¿Así?

Dra- Está bien. Mantén los ojos cerrados. Ahora vamos a practicar la libre asociación de ideas. Quiero que me digas las primeras palabras que te vengan a la mente. No importa si son incoherencias. Haz de cuenta que estás en un taller literario y puedes decir cualquier cabronada que se te ocurra.

P- ¿Cualquier palabra, Doctora?

Dra- Sí. Cualquier palabra que se te ocurra. Necesitamos una secuencia de ideas libremente asociadas. (La doctora anota en una libreta). Puedes empezar.

P- Tararira…pedazo…bicho…matraca… micrófono… la sin hueso… herramienta… salamín… balero… banana… tornillo… perno… víbora… calabaza…

Dra- Muy bien, muy bien, continúa.

P- Zanahoria… batata… teléfono… pistola… manija… paquete… mancuerna… berenjena… soronja… trompo… perinola… florero… tarasca… polla… cipote… guasca… lechuza…

Dra- ¿Lechuza?

P- Sí, lechuza…

Dra- Muy bien. ¿Algo más?

P- No. Por ahora no.

Dra- Está bien, Patroclo. Ok. Por supuesto que me falta analizar esta secuencia de palabras más en profundidad, pero a primera vista…me parece que…

P- ¿Qué, Doctora? ¿Tengo algo grave?

Dra- Creo que tu inconsciente está filtrando ciertos contenidos tabúes en tu conciencia, y en ese paso de un lugar a otro de la psiquis, la libido termina formando estalactitas verbales que obstruyen el flujo del lenguaje, y por lo tanto, el movimiento mismo de tu pensamiento. Estás atrapado, obnubilado por un deseo que no resulta claro ni para ti mismo.

P- ¿Y qué le parece que haga, Doctora?

Dra- Debes viajar lejos. Poner distancia entre tus problemas y tú, y respirar el aire de otras tierras, otras civilizaciones, orar en templos de dioses desconocidos…

P- ¿Y la guerra de Troya?

Dra- Mira, Patroclo. Tú no puedes hacer nada para ganar esa guerra. Deja que eso lo resuelvan Príamo, Héctor, Aquiles, Menelao, y todos los cabrones esos. Tú eres un poeta, estás para otra cosa.

P- Está bien, Doctora.

Patroclo se levanta del diván y sale del consultorio.

Telón

 

----------

 

Sexto Acto

Tristeza, Separación.

Aquiles y Patroclo en la tienda, están separando sus pertenencias, y Aquiles pone sus cosas en una valija que está abierta junto a la mesa.

A- Bueno, estos pantalones me los llevo yo. Vos estás muy gordo y ya no te entran.

P- Llevátelos si querés. De todas maneras son tuyos. Te los regalé para nuestro quinto aniversario. ¿Te acordás de aquella noche?

A- ¿Cómo olvidarla? Me acuerdo que tomamos tanto licor que terminamos dándole una serenata porno a mi vieja.

P- ¡¡Sí!! Y tu viejo nos quería matar. ¿Te acordás cuando salió después con una espada a amenazarnos? “¡¡Los voy a matar a los dos, putos de mierda”, nos decía.

Risas.

A- ¿Y te acordás que después, cuando nos robamos el carruaje de mi viejo para escaparnos vos te vomitaste por todo el camino? ¡¡Qué cerdo!!

P- ¡¡Síííí!! Jaa. Pero vos también te vomitaste entero. Acordate que cuando llegamos a casa no podíamos caminar, y nos resbalábamos en el pasillo, estábamos los dos embadurnados en nuestro propio vómito.

A- Fue divertido todo aquello, ¿no? Cada vez que vomite me voy a acordar de vos.

P- ¿Y con Lowanne ya vomitaron juntos? ¡Perdón! ¡¡Perdón por preguntar!!

A- Está bien, no importa. ¿La cacerola grande la vas a ocupar?

P – No, llevátela. Pero el colador dejámelo. Lo voy a seguir necesitando unos días.

A- ¿Así que te vas de viaje?

P- Sí, me lo recomendó mi terapista, y tiene razón. Estoy muy estancado acá. Necesito ver nuevas caras. Ya estoy hasta las pelotas de Menelao, Arquelao, Héctor, Ulises, Helena, etc. Etc. Etc.

A- ¿Y dónde te pensás ir? Dicen que África está buena en estos meses. No hace tanto calor, y las playas están de puta madre.

P- Quiero ir al Asia Menor. Quiero estudiar matemática.

A- Está bien, vos tenés mucho potencial para eso. Siempre me acuerdo de cuando me recitabas la tabla del cuatro en la oreja…

P- ¡¡Aquiles!! ¡¡No te acordés de eso, por favor!! Ahora ya tenés a alguien que te recitará todos los numeritos que tú quieras.

A- Perdón, perdón. A veces no sé ni lo que digo.

P- La espada de He-Man que te regalé también te la puedes quedar. La vas a necesitar. Espero que cuando le cortés la cabeza a Héctor con esa espada te acordés de mí.

A- Seguro me acordaré de vos.

P- Muy bien. Ahora, las cartas me las quedaré yo.

A- Pero… ¿Todas las cartas?

P- Sí, me llevo todas las cartas. Acá está la carta en la que me declaraste tu amor (muestra una carta en un sobre de color azul, o rojo). Hay una postal que me mandaste desde Jonia, y todas las cartas que yo te escribí.

A- Pero ¿no te parece que yo me debería quedar con algunas de esas cartas?

P- No, no me parece. Me las llevo yo. En cuanto al oso…

A - (Levantando en sus manos un oso de peluche). Bueno, Patro, el oso te lo regalé, es tuyo.

P- Eso quería decirte. Quiero que te llevés el oso. No lo quiero ver más.

A- Pero…no entiendo. Yo te lo regalé.

P- Sí, pero no quiero verlo. Si no te lo llevás vos, lo tiro a la mierda.

A- Pará un poco, el pobre osito no tiene la culpa de nada. ¿Qué vas a ganar con tirarlo a la basura?

P- Llevátelo. Dáselo a Lowanne.

A- Patro, por favor. Tengamos la separación en paz, ¿sí? Dijimos que no habría más reproches.

P- No es un reproche. Pero ese oso (lo señala con el dedo) simboliza toda tu traición.

A- Está bien, pero el traidor fui yo, no el oso. Yo no quiero llevármelo. ¿Qué van a decir Príamo y Héctor cuando me vean en medio de la guerra cargando con un osito de peluche? ¡¡Se me van a cagar de risa!!

P- Ya te he dicho más de una vez que no hay que prestarles atención a los troyanos y sus habladurías. El oso te lo llevás vos, y esa es mi última palabra. (le pone el oso en la valija).

A- No, no y no. El oso te lo regalé y acá se queda. Me molesta que menosprecies algo que te regalé con toda mi alma. (saca el oso de la valija).

P- Cortala, Aquiles… (Vuelve a poner el oso en la valija. Comienzan a forcejear). No estoy menospreciando nada. Tampoco te habrá salido tan caro. Es peluche de segunda calidad, ¿o te creés que no me di cuenta cuando me lo regalaste? ¿Cuánto pagaste por ese oso de mierda?

A- ¿Oso de mierda? ¡¡¡¿Oso de mierda has dicho?!!! ¡¡¡Repetilo!!! ¡¡¡Repetilo!!! (vuelve a sacar el oso de la valija).

P- ¡¡¡¡Oso de mierda!!!! ¡¡¡Oso de mierdaaaaa!!! (Grita). ¿Así te gusta o grito más? (Vuelve a poner el oso en la valija).

Ambos continúan forcejeando, cada uno tira de una extremidad del oso, hasta que se rompe. Caen al suelo. Se insultan, se tiran del pelo… más gritos.

 

FIN

 

Maximiliano Sánchez

 

 
 
el interpretador acerca del autor
 

 

               

Maximiliano Sánchez

Para saber más acerca del autor, ver
 

 


   
   
   
   
   
 
 
Dirección y diseño: Juan Diego Incardona
Consejo editorial: Inés de Mendonça, Camila Flynn, Marina Kogan, Juan Pablo Lafosse, Juan Marcos Leotta, Juan Pablo Liefeld
sección artes visuales: Juliana Fraile, Florencia Pastorella
Control de calidad: Sebastián Hernaiz
 
 
 
 

Imágenes de ilustración:

Margen inferior: Richard Mueleer, Little Levitating Marsha (detalle).