
Usos y abusos: la figura del policía en la historieta argentina.
Alejandro Farías
Sin demasiada cita histórica ni recapitulación hasta los inicios del género, se puede igual dar un vistazo veloz y recortar la presencia policíaca en la historieta argentina.
Empiezo por el final de la industria de la historieta en Argentina: Editorial Columba; y por un personaje de los tantos que salieron de la pluma aventurera, fértil y memorable del autor de culto de la editorial: Robin Wood.
Dicen que Savarese apareció a finales de los años ´70 y siguió hasta finales de los ´80 en la revista “D´Artagnan”. Pero yo, que nacía por ese entonces, llegué a conocerlo en la revista “Nippur Mágnum”. La editorial Columba gustaba de pasar las series de una revista a otra para ir llevándosela a los distintos lectores. Sus personajes iban creciendo y viviendo de revista a revista y uno los iba siguiendo, pero no como a las novelas de la tarde sino como se seguía “V Invasión extraterrestre” u hoy se sigue “Lost”, “Roma” y tantas otras series.
Nuestro Savarese (dibujado por el genio de Mandrafina) tenía todo para perder. Era flaco, feo y débil. Había perdido su familia, su patria y era un inmigrante más en la Norteamérica de las mafias. Sin embargo, tenía su fuerza en otro lado, la inteligencia y la honradez. En ese sentido, era igual a todos los personajes de Robin Wood, un héroe obsesionado por la verdad y la moral. Impronta que Oesterheld y su marcado humanismo había dejado a sus sucesores. Otra influencia fuerte en Robin Wood fue el manejo de las descripciones que retoma del guionista Ray Collins. Y si bien el rastreo de influencias no es nuestro objetivo acá, sirve sí de excusa para recordar algo de Ray Collins: éste era el seudónimo de Eugenio Zappietro, un comisario retirado y director del Museo de la policía. Digno, entonces, de mención: un policía retirado como guionista de historietas bélicas y demás yerbas. Pero hablaba del humanismo retomado de Oesterheld y de la defensa de la verdad y la moral, lo que participaba, también, del clima de una época. Yo leía Savarese y me lo creía porque veía en él al policía posible. La institución policial aún tenía algún crédito como para permitir personajes así. Pensemos que en esa época, la tele nos entretenía con programas como “Grande Pá”. Este tipo de valores circulaban por los medios masivos y nos entregaban la virtualidad de un orden.
Savarese era un policía de ese mundo. Sus soluciones siempre estaban dentro de la ley y no dejaba que nadie se apartara de ella. Su vida personal era la contratara de su orden social; solitario y hundido en amores que lo hacían sufrir y sentir con más fuerza su pequeñez y su fealdad. Solo podía sentirse un “gran” hombre, cuando lograba vencer la injusticia y la mentira.
Hubo, de hecho, un personaje real semejante al policía de Wood, aunque de físico opuesto: grandote, temerario y de “ley”, que llegó a ser un mito (1). Su nombre: Evaristo Meneses. Y su vida es la demostración de la crisis real del sistema policial. Devenido investigador privado con despacho en Córdoba al 1300, en 1962 salía en primera plana como un héroe.
La figura de Evaristo, incorrupta y dura, que tanto incomodaba a los rateros (en cinco años resolvió 1117 hurtos) también chocaba con la estructura corrupta de la institución policial. Su nombre incordiaba y asustaba a sus compañeros que, por un lado, se veían opacados por su heroísmo y, por otro lado, lo veían como una amenaza para continuar con los chanchullos que conseguían amparándose en su insignia. Evaristo Meneses se había transformado en un espejo que reflejaba lo que los demás policías y la institución misma habían dejado de ser. Y comenzaron a aparecer las trabas internas para su avance en la policía. Su candidatura para Comisario General fue postergada. Lo pasearon por diferentes divisiones hasta que en 1964 lo invitaron a salirse. Murió solo y pobre, en 1992, a los 84 años. Fue autor de libros policiales y pintor, y su propio mito se hizo carne en la historieta. Porque fue ahí, a través de la historieta, que obtuvo el título que la realidad le negó. Carlos Zampayo y Solano López se inspiraron en él para su serie Evaristo, el comisario duro y pausado que comenzó a salir en la tercera entrega de la revista “Fierro”, en 1984. Con un manejo exquisito de los tiempos narrativos, de las secuencias y de la elipsis, Evaristo se acercaba más a la figura de detective privado que a la de policía. Su moral representaba una ley que era la de los hombres y no coincidía siempre con la de la institución. La moral estaba siempre por encima de la ley, errado o no, avanzaba según los caprichos de su propia lógica, que indudablemente siempre resultaba más lógica que la de la institución.
Sus casos siempre ilustran una psicología del delito: la culpa, el arrepentimiento, la necesidad del otro, el dinero. Cada caso, digámoslo así, ilustra el comportamiento de un alma. Con Evaristo nos adentramos en el distanciamiento entre sujeto y ley. Evaristo obra bien pero no usando la ley, obra bien a pesar de la ley. A fuerza de realidad, la historieta argentina cerraba sus puertas al ciclo mítico de la institución que se brinda “al servicio de la comunidad”.
En Sarna el distanciamiento entre sujeto y ley se hará inversión. Obra del otro gran Guionista Argentino, Carlos Trillo y dibujos del talentoso Sáenz Valiente, Sarna se publica en Argentina en el 2004.
Su persnaje principal, el Teniente Lucho Lasabbia, es abusivo, vividor y, sobre todo, impune. Ex torturador y asesino, vive de todos los posibles negociados que su trabajo le deja: la ley es una herramienta para el delito. Amigo del mismísimo general Rico, el Teniente Lassabia vive de explotar a los delincuentes, amparándolos y dándoles libre albedrío a cambio de beneficios personales. Apodado Sarna, es la figura del policía que ha logrado invertir el sentido de la ley (2). Si Savarese encontraba en su uniforme el lugar en el cual ser un “gran” hombre, Sarna encuentra en el uniforme el lugar para hacer todo lo que está prohibido al hombre. Es desde el interior de la ley que Sarna consigue hacer todo lo que la ley prohíbe. Inversión, manipulación y uso privado de la ley: la marca del policía de nuestra era.
La figura del policía atestigua, como ninguna otra, los símbolos de una época, los valores de una sociedad y la circulación de los mismos dentro de una comunidad. El decálogo del policial de Carlos Gamerro pareciera dejar claras las implicancias de esta forma de participar de la sociedad y sus consecuencias en los proyectos estéticos: ya la historieta, ya la literatura policial.
Dos momentos del humor gráfico argentino resumen a la perfección el pasaje de Savarese a Sarna.
En los ´60 las páginas de Mafalda nos muestran al policía de barrio, típico personaje que camina perdido en las esquinas, entre los demás ciudadanos, como un guardián del orden y un punto de referencia dentro de la ciudad. Incluso, el policía de Mafalda se sorprende (casi se diría que se avergüenza) ante la descripción de su herramienta de trabajo como “el palo de aboyar ideologías”. En el 2007 nos encontramos con la tira del Oficial Yuta de Rovella (Domus, 2007). Ante la presencia de este agente, los ciudadanos se esconden como si de una peste se tratara. Cada uno de los chistes del libro hace referencia a la bestialidad y corrupción de su figura. El oficial Yuta resulta para los ciudadanos más peligroso que los ladrones mismos, ya que él roba todo y más, pero siempre amparado en la autoridad que la misma comunidad le ha otorgado. El Oficial Yuta es la versión caricaturesca de Sarna, es decir, una mirada desde el humor gráfico a esta versión degradada y moderna del agente policial.
Ante la inversión de los usos de la ley, la figura del policía honrado, justo e incorruptible se ha pasado al despacho privado. El policía que nos hemos creído en nuestra infancia, ese Savarese retorcido y feo, ese Evaristo grande y duro, en el mejor de los casos, trabaja solo, marginado y alquila su incorruptibilidad solo a aquel que pueda pagar sus honorarios.
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(1) En la historieta Savarese también se transformó en un mito. De la policía llegó al FBI y entre sus victimas se cuenta Al Capone a quien venció a través de una estrategia contable.
(2) En una entrevista en “Radar” hecha por Lautaro Ortiz de Febrero de 2005, Trillo hablando de Sarna dice: “En las sociedades latinoamericanas la injusticia es tan natural y los abusos de poder tan enormes que no parece que haya otras maneras de contar las cosas: o desde el heroísmo de los que pierden o desde la podredumbre de los que ganan”.