"Algunos
dicen que no existen orden ni momento determinados entre el abrazo,
el beso y la opresión o rasguño con las uñas o
los dedos, pero generalmente todas estas cosas deben hacerse antes de
la unión sexual, mientras golpes y emisión de sonidos
diversos corresponden al momento de la unión. Sin embargo, Vatsyayana
opina que cualquier cosa puede hacerse en cualquier momento, puesto
que en el amor no hay tiempo ni orden..."
Hace dos mil años, en la ciudad sagrada de Benares, junto al
Ganges, un anciano de nombre Mallanaga Vatsyayana (supongámoslo
encorvado, de barba blanca y con narguile) analizaba los principios
del placer sensual. Ignorando aún las futuras teorías
del padre del psicoanálisis, este anciano redactó la versión
"compacta" del Kama Sutra (aforismos sobre el amor)
conforme a los preceptos de las sagradas escrituras y para beneficio
del mundo entero. El "Kama" es el disfrute de los objetos
apropiados por medio de los cinco sentidos, y esta conciencia del placer
se aprende por medio del Kama Sutra y de las prácticas
personales.
La
lectura de este libro suele efectuarse de formas diversas. Están
por ejemplo quienes lo leen en grupo: he visto más de un documental
norteamericano en donde cierto número de personas se reúnen
en casa de una mujer vestida con telas de colores y con pechos descubiertos
quien junto a su marido (portador de un taparrabos de lino crudo) enseñan
al grupo a "interpretar" el libro. Esta mujer es casi siempre
dueña de una oscilación constante y su pelo enmarañado
(pelo de recién lo hice y estuvo formidable) juega una parte
central en el desembolso final de un buen número de morlacos.
Otra
de las formas de leer este texto acostumbra ser en pareja: dos personas
que lo ojean en la cama y tratan casi simultáneamente de ir probando
las diversas posiciones recomendadas. Esto tiende a ser un fracaso para
los que descuidadamente se compraron la versión no ilustrada,
sobrevaluando sus capacidades de abstracción, comprensión
y yoga (con o sin ilustraciones la mayoría de la oferta del antiguo
libro está dirigida a aquel joven delgado y ojeroso que en nuestra
división de la primaria se ponía el pie detrás
de la oreja). Por último está el que decide enfrentarse
al libro en actitud solitaria. Ya sea preparándose para una cita
de esa misma noche, para extender sus conocimientos y así conquistar
al sexo opuesto, para informarse de manera desinteresada y puramente
académica. O más comúnmente para enriquecer la
vida en pareja con la inclusión de nuevos detalles: cómo
preparar el lecho amoroso, como tratar al partenaire para darle
placer prolongado, como innovar posiciones o obtener nuevos tips del
artísticamente reconocido bucal, etc, etc.
Uno
de los postulados más llamativos del Kama Sutra es que
según Vatsyayana los hombres se dividen en tres clases dependiendo
de las dimensiones de su Lingam: el hombre-liebre,
ese que la tiene pequeña (y probablemente "juguetona"
en el inconsciente colectivo); el hombre-toro, ese que a todas
las mujeres les queda bien y que suele ser seguro de sí mismo
porque escuchó que a algunas mujeres "les duele si es desproporcionadamente
grande"; y el hombre-caballo: aquél que camina
derecho y siempre tiene una sonrisita perceptible en los labios. Ese
que gusta sobre todo de introducirse dentro de ella y esperar ese sonido
femenino que dé finalmente cuenta de lo que él tiene entre
las piernas.
Para
sorpresa de muchos lectores lo mismo sucede con la mujer que pertenecerá
a uno u otro grupo dependiendo de la profundidad de su Yoni
(aunque nunca he escuchado a una mujer vanagloriarse de esta condición,
pertenezca al grupo que pertenezca). Estos grupos son: la mujer-cierva,
la mujer-yegua y la mujer-elefanta. Es fácil
entonces entender de donde vienen ciertas expresiones contemporáneas,
como por ejemplo el habitual "¡Esa mina es una yegua!",
que no se estaría refiriendo a la belleza de esa señorita
en particular sino a la profundidad media de sus genitales. La unión
ideal se daría entonces entre los pares: cierva/ liebre, toro/
yegua y elefanta / caballo. Uniones que aunque improbables en la naturaleza,
se cotizarán rápidamente bajo esta innovadora nomenclatura.
Por el contrario, las uniones disparejas, aquellas que presuponen que
uno exceda al otro en tamaño, se dice que provocarán complicaciones
a la hora del ritual y consecuencias poco agradables...
La
unión de los genitales entonces no sería una cosa tomada
a la ligera. De una cierva y un caballo podemos esperar rupturas e hinchazones
que podrían poner en jaque a la mujer. Mientras que el encuentro
entre una elefanta y un hombre-liebre dejaría a la primera deseosa,
insatisfecha y probablemente malhumorada. Es por esto por lo que algunos
han propuesto diferentes maneras de evitar las "malas yuntas":
Se ha postulado por ejemplo la inclusión obligatoria en el DNI
de nuestro tipo de Yoni o Lingam, aunque fue rápidamente
descartado por la mayoría por considerarse discriminatorio. El
resto de las propuestas se pueden encontrar en un extraño documento
titulado "Sobre el Yoni y el Lingam en la sociedad de los '90"
que aunque ya cuenta con más de 10 años, da una idea bastante
clara de la mirada de ciertos sectores sobre las diferencias genitales.
El debate entonces está abierto y nadie pretende tomar una decisión
apresurada, aunque solucionar este tema parece estar en el mayor interés
de algunos individuos, que han tenido encuentros perturbadores con los
animales equivocados...
Al
apartado que versa sobre la unión sexual se lo conoce también
bajo el nombre de "Sesenta y cuatro" (Chatushshashti).
Algunos críticos británicos de música de los '70
sostenían que esto fue lo que incitó a Los Beatles
a inclinarse por esa cifra para su famoso tema "When I'm sixty
four", aunque una década más tarde, cuando el furor
del Kama Sutra se había evaporado, esta hipótesis
fue descartada por "irritantemente absurda". El "Sesenta
y cuatro" aborda diversos temas: el abrazo, el beso, las acciones
del hombre durante la cópula, el arañazo con las uñas
o dedos, el mordisco, las formas diversas de cópula, el yacer,
el hacer sonidos diversos, sobre cómo desempeñar el papel
de un hombre, los golpes, el llanto, y el auparishtaka o unión
bucal. Gracias a este listado pormenorizado, por ejemplo, cualquiera
podrá darse cuenta cuando con su amante están envueltos
en un Tila-tandulaka: un tipo de abrazo mejor conocido como
"la mezcla de semilla de sésamo con arroz",
que tiene lugar cuando ambos yacen sobre un lecho y se abrazan tan estrechamente
que los brazos y muslos de uno están circundados por los brazos
y muslos del otro. O cuántos alguna vez quisieron saber cómo
se llamaba aquel beso en el cual uno de los amantes gira la cara del
otro, agarrándolo por la cabeza y el mentón para besarlo...
¡ahora será lícito comentar por ahí que acaban
de darle un beso en escorzo!
Pero
aunque cada parte de esta obra da cuenta de la importancia y la seriedad
con la que se trataba al sexo en aquellos tiempos, en lugar de reposar
en posición avejentada, el Kama Sutra pareciera reclamar
de nosotros una lectura más lúdica que didáctica.
La posibilidad de vislumbrar entre sus páginas opciones similares
a: "pierde un turno", "avanza dos casilleros", "duerme
hasta la mano siguiente", y muchas otras de las grandes premisas
que alcanzaron la fama en aquellos juegos de mesa que ya solíamos
jugar de chicos...
©
Tatiana
Goransky